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Jaime Manzano León
La prohibición moderna al consumo está asociada a la marca, a la identidad que se le da a un producto, con atribuciones y personalidad humana. El consumo de mercancías es sólo una parte de lo que una persona necesita para estar integrado a una comunidad. La ilegalidad en el consumo ha estado presente a través de la historia de la humanidad y no necesariamente implica la prohibición al consumo de productos como comida, drogas o mercancías, también se relaciona con practicas sexuales, profesar ideas, creencias religiosas, entre otras cosas.
La prohibición es una práctica social que busca mantener y prolongar la estructura social, busca contener el espíritu humano por lo diferente, a darle orden, homologar a la sociedad, darle una identidad. Esa práctica no es decisión general sino del poder, de la fuerza que domina a la sociedad y la reúne en su entorno.
La prohibición es una medida que actualmente consideraríamos como proteccionismo, el cual es el miedo a que un elemento externo, ajeno pueda debilitar algo que no está fuertemente constituido, que a final de cuentas, también es ajeno a la mayoría. Cuando algo está consolidado en una comunidad no requiere de proteccionismos.
La élite controla al consumo evitando que lo que amenace, cuestione y compita por su poder. Así controló el acceso a los dioses, los tabús, los mitos, las ideas, la medicina, los valores, el idioma, el trabajo, la industria, etc. Estos controles han pasado a ser parte de la tradición, del imaginario social, el cual es regulado y reproducido por las instituciones.
La definición de lo que es un consumo ilegal ha cambiado de acuerdo a las características de la élite dominante, lo cual ha generado gran parte de las sospechas y enfrentamientos entre comunidades y por lo tanto de conflictos bélicos. Unas comunidades se encierran en sí mismas y otras se expanden. Dependiendo del miedo o la limitación de horizontes de sus élites o sus deseos de poseer y someter a los otros.
Las comunidades prohíben el consumo de mercancías, ideas, religiones, creencias políticas que compiten con la narrativa dominante. Para ello existen instituciones que se encargan de transmitir las narrativas que le dan cohesión a una comunidad y otras que se encargan de castigar al trasgresor, marginándolo.
En el caso de México el control del consumo ilegal que se dio en todos los ámbitos sociales fue definiendo a sus comunidades. La prohibición a las prácticas religiosas y destrucción de la cultura indígena a la llegada de los españoles dejó a los nativos sin identidad, este rechazo por lo indígena aún se manifiesta, pues grandes sectores de la población permanecen invisibles en los medios de comunicación controlados por los herederos criollos, quienes han asumido como propios los modelos globales; la prohibición de la corona española a la producción de mercancías y herramientas en sus colonias; la prohibición del consumo de nuevas ideas, sobretodo las de la Revolución Francesa fueron castigadas con la excomunión; servicios sociales como la práctica de la medicina tradicional fue prohibida por la Inquisición que la consideró brujería y por lo tanto un atentado contra la religión; la prohibición a los indígenas a tener derechos sobre la tierra los ha mantenido marginados y vulnerados; la educación indígena era limitada a los nobles y lideres de los nativos, lo que mantuvo en la ignorancia a gran parte de la sociedad; prohibición a los derechos cívicos del voto a quienes no tuvieran poder adquisitivo importante, fomentó la existencia de diversos países en un mismo México; y la pertenencia social dependiendo del consumo sexual y matrimonial de las parejas motivo a un complicado sistema de discriminación racial el cual continuó durante el siglo XX con los gobiernos priistas que exaltaban el futuro mestizo del país, que implicaba el exterminio de la raza indígena.
La prohibición no se da para proteger a la sociedad sino a la élite. El proteccionismo local era y es una luz de alerta, que indica que algo debe ser modificado, la sociedad no acepta en un 100% a lo que es protegido pues opta por otras opciones de consumo, ya sea por precio, mala calidad, obsoleto, ideas no creíbles y sin sustento, o creencias falsas. La aplicación del proteccionismo sólo tiene efectos temporales pues a la larga serán desplazados si no entran en un proceso de adaptación.
El proteccionismo indica que en la competencia entre comunidades o en el plano internacional un producto local se encuentra en estado en proceso de decadencia u obsoleto, ha dejado de ser atractivo para su comunidad original y por lo tanto no hay deseo sobre él. Algo más amenaza con sustituirlo, pues responde más adecuadamente a las expectativas de los consumidores. Las razones de ello pueden ser muchas, entre las cuales destaca precio inadecuados, el retraso tecnológico, falta de correspondencia con las prácticas sociales, diseño caduco y poco llamativo, significación negativa, o carece de una narrativa mimetizadora y creíble que motive el deseo de posesión.
Pero el proteccionismo se da cuando las élites son incapaces de innovar que implica el desarrollo tecnológico, mayores índices de educación, y fomento a la creatividad. Las élites generalmente requieren de un consumidor conformista y optan por tener un mercado cautivo que no demande cambios.
Las fronteras no pueden cerrarse permanentemente, como sucedió con el imperio Chino de los siglos XVII y XVIII, que trató de evitar la mala influencia de occidente a quienes consideraba bárbaros. En lugar de comprender los cambios que estaban pasando en el Mundo, cerró sus fronteras y con ellas su posibilidad de transformación.
Así sucedió en la época colonial cuando la corona española prohibió la producción de mercancías que le hicieran competencia a las de España, así como el comercio con otros países, en especial los protestantes como Inglaterra y sus colonias. Hecho que ha mantenido a Latinoamérica poco interesada en un desarrollo tecnológico propio y a la corona española en una corte ensimismada, atrasada, incompetente y frívola, que terminó transfiriendo las riquezas extraídas de América a los países europeos más industriosos y finalmente perder lo que le restaba de imperio ante Estados Unidos a finales del siglo XIX.
Las restricciones de la corona fomentaron el contrabando de y hacia México, que junto con Perú enviaban la plata que anhelaba China, en barcos con doble fondo; en retorno, recibían una gran cantidad de productos cuya calidad competía con las europeas, como telas, ropa, insumos agrícolas, herramientas, aunque de contrabando. Estas mercancías se vendían en los Parianes (palabra filipina que significa mercado de productos de lujo), que era el Tepito de entonces y el cual se localizaba en la misma zona del DF y en lugares céntricos de Puebla y Guadalajara.
De Estados Unidos era muy apreciado el tabaco, en el siglo XIX se decía que hasta los niños de 10 años traían su bolsa de tabaco. En aquella época, el tabaco no era considerado dañino, había “médicos” que le atribuían propiedades terapéuticas. Hay que recordar que Estados Unidos fue colonizado por iniciativa de empresas, y el tabaco de Virginia fue uno de los primeros productos de exportación.
Otro contrabando destacado que se dio en el territorio que pasó a formar parte de Estados Unidos fue el de armas. Los nativos comenzaron a comerciar armas con las colonias inglesas a cambio de pieles, así como de caballos que robaban a los ranchos de la Nueva España. Al darse la Independencia de México los nativos poseían mejores armamentos que el ejército mexicano, lo que amenazó a todos los estados del norte, incluso se tiene noticias de que alguna vez llegaron a Querétaro. La superioridad de los nativos como los ute, apache y comanche contribuyeron significativamente a la pérdida de ese territorio.
Algo similar sucede actualmente con la adquisición de armas en Estados Unidos por parte del narco, quienes han tomado control del territorio nacional aprovechando la corrupción y complicidad élites locales y federales que al verse sin alternativas para participar de manera legal en esta era globalizada, se han unido al crimen organizado.
Generalmente las élites buscan la alianza con las globales, ya que los países subdesarrollados no generan tecnologías propias que dominen algún nicho del mercado mundial, salvo en el caso del tráfico de drogas, donde las empresas mexicanas tiene presencia al menos en 57 países, manteniendo una alta dependencia con China, que continúa dominando la producción y distribución de los componentes activos de muchas drogas. ¿Una venganza de la Guerra del Opio o es simple negocio?
Entre los consumos ilegales tenemos uno en particular que surgió en tiempo de la Guerra Fría. El uso de energía nuclear ha sido relativamente contenida, tanto en el desarrollo de plantas de energía como armas de destrucción masiva. Debido a que su uso por parte de las élites de los países más poderosos significaría el fin de la civilización como la conocemos.
Sin embargo hay otros consumos ilegales que han surgido en este momento de transición de la globalización que no han podido ser controlados, como el crecimiento del tráfico de drogas es un fenómeno preocupante, en cuanto al consumo, por la afectación en la población que por un lado es buscada para aliviar la falta de expectativas sociales y por el otro, por el desplazamiento de valores encaminado a la permisibilidad delictiva. En cuando a la producción y tráfico, esta es dominada por las élites locales cuyos privilegios fueron afectados por el neoliberalismo al marginar las fuerzas corporativas del gobierno.
Históricamente ha sucedido que cuando las élites locales presentan un mayor atraso tecnológico que las fuerzas externas con fines expansionistas, sólo tienen pocas opciones: confrontarse y someterse ante el dominio externo. Las élites de mayores recursos se alían a las elites foráneas, pero la mayor parte de ellas se refugian en nichos económicos tradicionales o subterráneos.
El contrabando de la segunda mitad del siglo XX es florece al inicio de la era global neoliberal y se da básicamente en los productos tecnológicos. La prohibición al consumo de ciertos productos responde a la estrategia proteccionista para impulsar las alianzas de las élites locales y trasnacionales que establecieron empresas en México. Posteriormente se dio paso a maquiladoras, lo cual era surrealista, pues sus productos hechos en México tenían que pasar aduanas o internarse ilegalmente. Otras mercancías eran introducidas para abastecer a la industria lo que afectando a empresas tradicionales no vinculadas al gobierno, como la importación de fructuosa para la industria refresquera dominada por empresas trasnacionales lo que afecto a los ingenios azucareros. Esto fue posible gracias a la decisión presidencial, ya que Vicente Fox fue empleado de la Coca-Cola.
Los países más desarrollados del Mundo han cambiado de estrategia, en un principio era la venta de mercancías, posteriormente su expansión territorial, exportando a sus empresas a países subdesarrollados, transformándolas en trasnacionales.
Posteriormente, las restricciones locales y la demanda de asociación de capitales, dio paso a la creación de franquicias con lo que se convirtió en socias a las élites locales. Este nuevo recurso estableció esquemas organizativos y de trabajo similares en todo el Mundo. Fue la exportación de la escenografía empresarial norteamericana, lo que comenzó a general una sensación de desarrollo y modernidad. Las élites locales vivían el sueño americano en sus propias casas.
Sin embargo, ese expansionismo comenzó a generar conflictos internos en los países desarrollados, pues la sociedad sentía que perdía empleos debido a la avaricia de los empresarios, que buscan países con fuerza laboral más barata. Esto dio pauta al desarrollo de los mercados de libre comercio y a la intensificación en la producción de mercancías culturales norteamericanos. Dando paso a los sistemas informativos y de entretenimiento globales distribuidos por el sistema de televisión de paga.
El consumo de bienes culturales comenzó a dominar los mercados y su objetivo primordial fue mostrar el estilo de vida norteamericano de forma tal que los espectadores deseen ser parte de éste. Dominio que se extendió entre los demás países desarrollados, incluso entre los más nacionalistas como el francés.
El contrabando decayó al firmarse los tratados comerciales, dando paso a la piratería y coincidiendo con otros consumos ilícitos, detonados en este momento de transición del paradigma global: trafico de drogas, prostitución infantil, fraudes cibernéticos, robo de autos, confrontaciones religiosas, venta ilegal de armas, clonación de tarjetas de crédito, migración ilegal, terrorismo islámico, temor social, conservadurismo, el cual responde a la participación de las élites sin capacidad de integración.
Aunque existe un combate internacional ante estos males no ha habido una disminución, más bien parece que los organismos responsables de combatir estos crímenes globales, solamente busquen controlarlo evitando que crezca a niveles que pongan en peligro la viabilidad de los países y se empleen como barreras de contención contra otros males mayores.
En México al decaer el contrabando de mercancías tecnológicas detonó la piratería en Tepito que puede considerarse el termómetro de la economía subterránea, el corazón del consumo ilegal, pasó de ser la distribuidora de mercancías tecnológicas, al centro de piratería.
La piratería significa el triunfo de la globalización y la sumisión de las fuerzas locales. El contrabando cede en medida en que el neoliberalismo rompe las barreras de la soberanía local, Para ello se establece la falsa promesa de acceso al principal mercado, con recursos para adquirir mercancías foráneas y en el que compite todo el Mundo.
Pero el ser humano siempre ha sido atraído por lo prohibido y conminado a desear y poseer lo que no tiene, lo de los otros, hecho que provoca conflictos, mismos que impulsan el dinamismo social. El deseo por lo ajeno no se puede erradicar, es parte de su naturaleza, la cual sólo se puede controlar temporalmente mediante el castigo y a través de la promesa de su posterior posesión. Esto ha propiciado el contrabando, las invasiones imperialistas y el crédito. Todo contribuye a satisfacer el deseo por lo que no se tiene. Hasta las ideas se promueven mediante el deseo. La democracia en este sentido se ha convertido en una aspiración para el Mundo globalizado. Es el objetivo de toda utopía, Aunque nadie pueda asegurar que el gobierno de su país es una democracia consumada. La democracia se ha convertido en el principal mito moderno, donde se supone todos los hombres han alcanzado la igualdad, lo que sea que esta signifique.
El concepto globalización se ha convertido en un eufemismo de dominancia imperial. Con la globalización existe un desplazamiento de poderes más allá de lo local. Los países desarrollados se convierten en concentradores y administradores del poder global cuyo primer efecto ha sido la desaparición de fronteras, con lo que el contrabando de mercancías “legales” ha disminuido notablemente. Lógicamente esto implica la transformación de las industrias locales con la nueva amalgama de élites.
Mientras, los consumidores continuarán a la caza de alternativas de consumo, más acorde con la época, modernas, tecnologizadas, deseables, que brinden prestigio social, ¿la calidad? No importa mucho. Las nuevas mercancías tienen un tiempo de obsolescencia más rápido, incluso anual, aunque las mercancías culturales poseen periodos inferiores, hasta de meses. Una superproducción cinematográfica tiene una o dos semanas para recuperar su inversión y obtener ganancias, pues otra la desplazará al convertirse en foco de atención de los consumidores.
El proteccionismo global surge para evitar que las mercancías globales sean imitadas. Las mercancías globales ocupan la cúspide del deseo de los consumidores, pues estimulan permanentemente con sus narrativas el deseo de compra de las mercancías tecnológicamente avanzadas e innovadoras. Estos productos sorprenden y excitan a los consumidores que han sido acostumbrados a vivir en el mundo mítico de la novedad tecnológica.
Pero la piratería tiene otra careta. Cuando en un país como México el combate a la piratería es sólo una simulación pues en lo que respecta a la reproducción ilegal de películas es el primer lugar en el Mundo y en términos generales sumando todos los productos pirata es el tercero después de Rusia e Italia, podríamos considerar que la corrupción gubernamental y sus nexos con el crimen organizado son parte del problema. Sin embargo, existe otra línea de pensamiento la cual señala procesos de simulación mayor, ocultando agendas y metas que alcanzar que siguiendo lógicas similares a la DEA en el combate contra el narcotráfico.
Es probable que en esta etapa de integración global los estrategas neoliberales consideren fundamental la participación de toda la sociedad, a fin de que compartan valores y metas, incluyendo la mayor parte de la población consumidora de piratería que carece de recursos económicos para el consumo legal de mercancías culturales. Este grupo social en otras condiciones no consumiría estos productos y quedaría marginado de la narrativa de la globalización, lo que le implicaría estar fuera de sincronía de la cultura global que se trata de construir.
En muchos países el consumo de piratería representa la adquisición ilegal de mercancías culturales norteamericanas las cuales no le benefician al país, por lo que la moralidad mundial no lo consideran como una práctica negativa sino todo lo contrario, incluso no faltará quien se considere un luchador antiimperialista. El consumo local en países subdesarrollados de mercancías pirata es una reacción contra la dominancia extranjera, hecho que también genera un desplazamiento de valores hacia la permisividad delictiva.
En el caso de México el consumo de la piratería es una manifestación de rebeldía ante la sumisión de la dominancia norteamericana con la que mantiene una relación de fascinación y repudio en todos sus niveles sociales. Las élites asumen los logros globales como propios pero mantienen un revanchismo a través de la permisibilidad delictiva donde impera la impunidad.
La globalización ofrece un tiempo de paz, donde las empresas trasnacionales se han constituido en un cártel económico, y los países subdesarrollados han sometido su soberanía de acuerdo a las instrucciones del neoliberalismo, a cambio de un consumo más diversificado y excitante.
Ya no son las bombas, sino la decisión de los consumidores los que decidirán quién permanece en el mercado. Por el momento, el futuro del Mundo está en manos de los consumidores. Estos son los grandes jueces sometidos a la seducción de la publicidad global. Aunque el futuro es dudoso, la mitad de este siglo presentará peligros que requerirán tomar medidas emergentes, pues prometen un desplazamiento en los ejes de poder.