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El actual proceso de globalización encuentra en la televisión e Internet dos herramientas eficientes para difundir sus narrativas a los integrantes de la comunidad mundial. Los contenidos de éstas se van permeado a través de los medios regionales, hasta el punto de simularse en el paisaje simbólico, modificando discretamente los significados que conforman las identidades locales.
El paisaje simbólico lo conforman los sistemas de símbolos que se consumen en una sociedad, como mitos, narrativas cívicas, creencias religiosas, mitos históricos, leyendas urbanas, etc. Este intercambio, sigue rutas controladas por una “fuente dominante”, la cual se encarga de construir el sentido de la narrativa global.
La decisión de qué elementos se difunde por la red comunicativa o qué contenidos locales serán incorporados al flujo principal (main stream), en una narrativa global son regulados por un “Gatekeeper” (Google, Facebook, CNN, Fox News, etc.”. Éste Cancerbero postmoderno e informal junto con las fuentes dominantes forma parte de la “comunidad significativa dominante”. Las empresas que se erigieron como parte de esa comunidad pertenecen a la “fuerza global dominante” cuyo liderazgo que recae en los Estados Unidos, es resultado de un acto de “competencia tecnológica”, mediante el cual se han definido las “prácticas de uso” empleadas por los usuarios-consumidores globales.
Los contenidos de identidad globales se implantan, heredan significados, adaptan, complementan y construyen sentidos de manera dinámica, espectacular y seductora, con ropajes renovados e irresistibles. Donde todo cambia, menos las intenciones esenciales que permanecen ocultas: la promoción, justificación, consolidación y guía de comportamiento de y en el nuevo orden mundial. Estas estrategias ya no requieren de la coacción para alcanzar sus metas, sino de la seducción y libre colaboración de las comunidades locales, pues lo global difiere de lo imperial en el sentido de que se basa en la obtención de consensos, exaltación del deseo mimético (Ver deseo mimético en René Girard) e integración de relaciones aparentemente horizontales entre iguales.
La integración global moderna inició con la importación y luego fabricación de productos de las fuerzas globales dominante en las sociedades dependientes. La falta de tecnología local y una población creciente sin perspectivas de empleo abrió las fronteras a inversionistas extranjeros. Lo que genero un nuevo panorama inundado de productos foráneos que con el paso del tiempo se consideran como locales (Ford, Champion, Coca-Cola, Sony, Chrysler, etc.). Así mismo, productos comunicativos dominaron los tiempos de las televisoras, radiodifusoras, salas de cine, en menor medida revistas, y alcanzando un dominio absoluto en Internet.
En el plano educativo, la influencia se muestra en los contenidos científicos y tecnológicos que aprenden los estudiantes que posteriormente emplearan como guías en su vida profesional al organizar procesos industriales, empresariales y de gobierno. En muchos países la ascendencia de las fuerzas globales dominantes se dio desde su surgimiento ya que copiaron casi íntegramente la Constitución de los Estados Unidos o al afiliarse las élites locales a las representaciones regionales de organizaciones secretas como la logia masónica neoyorkina.
Posteriormente, las franquicias entraron en escena, las McDonald’s, KFC, Walmart, Best Buy, Office Depot, Home Depot, entre muchas más, las cuales impactaron en el panorama local, convirtiendo a parte de las diversas zonas urbanas en réplicas de ciudades norteamericanas. Este panorama generó la sensación de modernidad y avance en una comunidad, la sensación de que los planes de desarrollo importados generaban resultados.
Por ejemplo la presencia de un Six-Flags en una sociedad dependiente “no desplaza” a las ferias tradicionales, y satisface las expectativa del 10% de la población local, cuyas prácticas de consumo están vinculadas a los procesos de globalización. Six-Flags brinda una diversión basada en la espectacularidad tecnológica y teatralidad disneylizada.
Todas estas franquicias modifican las prácticas de consumo y la organización social del sector social de mayor capacidad adquisitiva. Pero su impacto en los mercados de menores ingresos es reducido. Aún así, llega a influirlos. Las comunidades de menores ingresos imitan a las otras adquiriendo productos similares de mala calidad a los de las élites en los mercados subterráneos, con lo que genera la sensación de reducción de las diferencias sociales. Por su lado, los consumidores de mayor poder adquisitivo se mimetizan con las narrativas globales que consumen en los medios de comunicación.
Cabe señalar que la extensión de la globalización a las comunidades locales no es resultado de una confrontación de fuerzas empresariales, sino de la alianza entre las élites locales y las empresas trasnacionales. Para los empresarios y gobiernos locales, resulta más redituable la inversión en franquicias y productos que han probado un éxito financiero que arriesgarse en la innovación tecnológica o en el desarrollo de nuevos esquemas de comercialización.
Las fuerzas globales dominantes, como Estados Unidos, ejercen sentimientos encontrados de fascinación y repulsión, en las sociedades dependientes. Los primeros debido al escaparate montado por la espectacularidad de sus logros de bienestar social, innovación científica y desarrollo tecnológico, que genera el deseo mimético de emularlo, y la repulsión, debido a los miedos generados por la mitología política que conforma los nacionalismos y la mediocridad de las élites locales.
La presencia de estas empresas-símbolos, conllevan la significación de la narrativa que construye la globalidad. Esta narrativa va formando su propio glosario de significaciones y valores, los que sirven de argumento para transformar la realidad local en una global.
¿Qué conforma este lenguaje global? Todo lo proveniente de las fuentes dominantes que tiene significación: mercancías, religión, tecnología, formas de organización del trabajo, sistemas de comercialización, visión del mundo, conceptos, interrelaciones personales, películas, estilos de vida. La lista es extensa.
¿Y los valores? La democracia, el desarrollo, rechazo al terrorismo, consumidor, exitoso, integrado socialmente, popular, participativo, etc. La globalidad define cómo comunicarse y organizarse socialmente a través de herramientas como Facebook, la cual integra junto con Google, las mayores bases de datos sobre relaciones sociales y sobre actividades e intereses personales del Mundo, que cualquier organismo de inteligencia mataría por poseer.
Este proceso de significación global ha crecido de manera acelerada, a partir de la última década, implantándose en todos los ámbitos sociales de las diversas comunidades del Mundo. La unificación significativa global toma de las sociedades tradiciones y valores, y los simplifica, hasta el punto de generar nuevas narrativas con “unidades mínimas conceptuales” que faciliten su recordación.
Contrario a cómo se considera, las sociedades modernas por lo general no adquieren sus conocimientos sociales a partir del texto escrito, sino de manera oral. La mayoría de los significados asimilados por los individuos se reciben como unidades conceptuales mínimas. Desde la educación básica, la religión, los contenidos cívicos y en general el conocimiento social se basa en la constante repetición unidades conceptuales mínimas (a forma de un lema publicitario, o “premisas” que resumen y vende la trama de una historia hollywoodense, o narración de Twitter con un máximo de 140 caracteres).
Lo que queda de los contenidos socialmente adquiridos en la vida adulta, son los conceptos simplificados, que se asimilan como verdades incuestionables, debido al “prestigio” de las fuentes donde fueron adquiridos. Nadie espera que la escuela enseñe contenidos imprecisos o falsos, con trasfondos políticos. Así como la educación elemental de una sociedad presenta hechos como verdaderos, sin la necesidad de comprobarlos, así también las Iglesias, el periodismo, los informes gubernamentales, etc.
Las unidades conceptuales mínimas posibilitan que una persona “comprenda” la sociedad en que vive, que acomode en su personal modelo mental todos los acontecimientos cotidianos. Por ejemplo cualquier falla con la administración pública una persona la explica como producto de la corrupción de los políticos. Una visión más amplia requiere de mayor dedicación al estudio, lo cual es imposible. El problema con unidades conceptuales mínimas es la formación de estereotipos, vaguedades, imprecisiones y banalización de la realidad social.
Las unidades conceptuales mínimas se dan tanto en los ámbitos locales como globales. Cuando existen divergencias notables se da la censura como en el caso de China. Pero en la mayoría de los casos, las comunidades locales consumen las narrativas globales sin cuestionarlas. Por ejemplo la narrativa global puede tratar sobre una historia que considera la aplicación de la justicia en los juicios orales con juzgados ciudadanos y donde la Ley Miranda defiende los derechos de las personas en Estados Unidos. Esta historia repetida hasta el cansancio no genera una demanda de cambio sino confusión cuando un individuo vive una experiencia que le muestra que su realidad se basa en un sistema de corrupción e injusticia.
Las élites locales ocultan la realidad judicial local e importan una realidad ajena para continuar manteniendo sus privilegios. En este sentido, las élites locales adoptan los valores globales para enmascarar los locales.
Las identidades locales pueden contener elementos significativos coincidentes con los globales como la aplicación universal de la justicia, no discriminación, respeto a derechos humanos, democracia, etc. Pero al traducirlos en acciones no se satisfacen todas las expectativas generadas, como si se trataran de conceptos diferentes, no por ser una mala traducción sino porque contraviene a intereses locales.
El proceso de transmisión de conceptos es similar a nivel local y global. Las narrativas se enfrentan ante la imposibilidad individual de construir modelos mentales de la realidad en que vive, por lo que se tienen que construir elementos significativos que simplifiquen y esquematicen la realidad.
El mundo globalizado requiere de las unidades conceptuales mínimas para explicarse, promoverse y justificar la forma en que está estructurado. Sus narrativas lo venden permanentemente a diferencia de las narrativas locales que muestran una realidad conservadora y estable. La promoción de la globalidad busca unir al Mundo mediante metas comunes.
Jaime Manzano León