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Después del proceso electoral de los Estados Unidos de América, donde Barack Obama realizó un novedoso e inteligente uso de recursos de la Web 2.0, muchos esperábamos en México que el nivel competitivo entre los partidos políticos en las elecciones para renovar la Cámara de Diputados los llevaran a adoptara alguna de las estrategias del candidato demócrata en especial las orientadas a alcanzar una mayor representatividad social e incremento de la participación ciudadana.

El caso es que no es así. La realidad se impuso, estaba escrito que ni la novedad de Internet consolidaría la transición democrática. La estructura es la misma y la alternancia mostró su verdadera cara: continuismo de las prácticas políticas que buscaban perpetuarse, cambiando sólo de nombre. El dominio de la “partidocracia” ajena a la sociedad dio paso a instituciones que supuestamente supervisarían y garantizarían el avance de la democracia, pero éstas devinieron en la reproducción de los viejos vicios de la simulación.

Ahora es claro que el simple uso de Internet no garantiza la democracia. La euforia generada por Obama se acabó al confrontarse con la “partidocracia” existente en México, que vio en Internet una vía para consolidar su dominio alejado de la representación real de la ciudadanía.

Gran parte de los partidos políticos han abandonado el proselitismo en las calles, han roto con la cercanía a las personas. Se han avocado al uso de los medios tradicionales, en especial la radio y la televisión que no permiten conocer al electorado de manera directa, saber lo que piensa y escuchar sus demandas. Se ha perdido el sentido de la comunidad. Las tendencias modernas marcan la necesidad del uso de sondeos de opinión para conocer el sentir mayoritario. Pero los resultados siempre son vaguedades sin matices. Los sondeos son recursos de simulación que buscan justificar “científicamente” decisiones políticas tomadas en la lejanía sin la participación ciudadana. ¿Para convencer en esta nuestra democracia competitiva? vasta un slogan creativo que descalifique al contrario y nos muestre como los indicados para recibir el voto. Lo malo es que difícilmente un elector tiene la certeza de lo que hará el producto que eligió, cómo lo usará en su beneficio y a quién reclamarle en caso de que salga defectuoso.

En el actual proceso electoral es más claro el uso de los recursos de la Web 2.0 que brindan nuevas oportunidades a los partidos no para fortalecer la democracia sino para suplir sus carencias. Ante la imposibilidad de algunos partidos de acercarse a la gente y realizar el proselitismo tradicional en las plazas, con acarreados o no, o de puerta en puerta que requiere de un ejército de seguidores, se han volcado a las redes sociales de Internet en búsqueda de electores. Pero refugiarse en las redes sociales no siempre es exitoso, ya que el número de seguidores que se les suman es muy bajo con relación al padrón electoral. Aún así, esto es un avance.

Por el momento no queda más que sufrir la decepción que provocan las organizaciones políticas que históricamente han demostrado que el único bienestar por el que velan, es el propio. Así también sus estrategias mercadológicas basadas en  ideas creativas que vendan o destruyan. YouTube se ha tornado un claro ejemplo de ello, su contenido inicia una nueva categoría: el XXX político, el cual habrá que disfrutar para no amargarse la vida por la baja calidad en que se da la confrontación electoral.

Cabe señalar que la mayoría de los candidatos ni siquiera se interesan por establecer algún tipo de nexos con sus electores aprovechando los recursos ahora disponibles en la red, sea en un espacio en Facebook, un canal en YouTube, o al menos un blog donde exponer sus ideas. La mayoría de los candidatos además de estar desinteresados en representar a los electores son analfabetas tecnológicos.

Los partidos políticos continuaron sus prácticas tradicionales entre las que encontramos:

  • Uso de estrategias mercadológicas basadas en slogans que apelan a propuestas vagas y sin compromisos.
  • Manejo de campañas de miedo.
  • Situación social incapaz de brindar expectativas reales de bienestar a la ciudadanía.
  • Inacción contra situaciones adversas a la sociedad, como el no limitar el cobro de altos intereses en las tarjetas de crédito o desmantelar las instancias de bienestar social.
  • Falta de análisis sobre las tareas pendientes de la Legislatura que está por concluir.
  • Frivolización de la política.
  • Indefinición de una estrategia de país a seguir.
  • Ausencia de propuestas legislativas concretar, serias y viables que respondan a requerimientos sociales reales.
  • Inexistente representatividad social.
  • Falta de compromisos claros de los partidos políticos con los diversos sectores sociales.
  • Participación de candidatos sin méritos profesionales que respalden la creación o reforma de leyes.
  • Propuestas alarmistas y demagógicas.
  • Uso de campañas sucias para descalificar a políticos contrarios.
  • Ausencia de participación ciudadana en las decisiones y campañas de los partidos.
  • Escaso uso de recursos de la Web 2.0 para el desarrollo de comunidades en la red sociales de Internet entorno a los partidos.
  • Desarrollo de espacios de comunicación limitados al proceso electoral.
  • Desinterés de la mayoría de los candidatos por mantener espacios de comunicación con sus electores.
  • Incapacidad de dialogar de manera directa y abierta con los electores.
  • Falta de interacción entre ciudadanía, partidos políticos y gobiernos.

Sumado a lo anterior, vemos que el elector está abrumado por los recientes sucesos que acongojan al país (crisis económica, narcotráfico, redes de corrupción, impunidad, influenza, terremotos, escasez de agua, terrorismo, desempleo, confrontaciones estériles entre políticos, demagogia, secuestros, etcétera). Los ciudadanos han comenzado a considerar a las elecciones como un proceso ajeno que no le representa ni beneficia.

Es evidente que el descontento social que se está dando por los anteriores factores ha provocado, como se muestra en encuesta publicada en La Jornada  el sábado 30 de mayo, que el 33 por ciento de los electores tengan pensado anular su voto, un 9 por ciento en no votar y un 7% aún está indeciso de tomar parte o no, en el proceso electoral del 5 de julio próximo.

El electorado ha evolucionado, conforma y participa en comunidades con personas afines, comparte ideas,  intercambia noticias y tiene mayor información con lo que colabora en aportar elementos que permitan construir y entender adecuadamente la realidad en que vivimos. Esto traerá efectos positivos en un futuro, más allá de la actual ganancia política que obtienen los partidos políticos. El incremento en el uso de los recursos disponibles en la Web 2.0 permitirá conocer ejemplos esperanzadores de avance democrático concretados en otros países y renacer la esperanza de que es posible exigir otro tipo de relación entre ciudadanos y partidos políticos, incluso dar por terminada la existencia inútil de alguno de ellos.

El simple hecho de usar los espacios virtuales dice mucho del candidato (modernidad, interés en el elector, acercarse a los ciudadanos, abierto al diálogo, incluir las diferentes propuestas de la comunidades, etc.) y diría más que mantuviera su presencia en la red al asumir su cargo, asumiendo una nueva actitud democrática de inclusión y representatividad de los ciudadanos.

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